Qué es el factoraje financiero, explicado sin jerga
Si le vendes a otras empresas, casi seguro ya viviste esto: entregaste el trabajo, emitiste la factura, y el dinero llega en 30, 60 o 90 días. Mientras tanto hay que pagar nómina, diésel, renta o proveedores. El factoraje (también le dicen adelanto o anticipo de facturas) es una forma de convertir esa factura pendiente en liquidez antes de que tu cliente te pague.
En una frase: no estás pidiendo un préstamo genérico; estás adelantando el cobro de algo que ya facturaste.
Cómo funciona, paso a paso
- Emites un CFDI de ingreso a una empresa, a plazo (normalmente método PPD).
- Eliges esa factura para adelantarla.
- Alguien la revisa: que exista en el SAT, que esté vigente, que el cliente tenga sentido.
- Si califica, firmas una cesión (el derecho de cobro pasa o se respalda con un contrato).
- Recibes un anticipo. Cuando vence el plazo, el cliente paga — según el esquema, a ti o a quien te adelantó.
El activo no eres “tú como deudor”. El activo es la factura y la calidad de quien te debe.
Qué no es el factoraje
No es una tarjeta de crédito empresarial. No te dan un cupo para gastar en lo que sea. Solo aplica sobre facturas reales.
No es “el SAT te paga.” El SAT valida el CFDI. Quien deposita es un fondeador, un banco, una SOFOM o una plataforma.
No es gratis. Hay un costo (tasa, comisión o descuento). Ese costo se conoce — o debería conocerse — después de revisar la factura, no con un porcentaje mágico en un anuncio.
No convierte una factura mala en buena. Si el cliente no paga o la operación no es real, el problema no desaparece. En muchos esquemas, si el deudor no paga, tú respondes (eso se llama con recurso).
Con recurso y sin recurso (la diferencia que sí importa)
Con recurso: si tu cliente no paga al vencimiento, tú tienes que cubrir. Es el modelo más común cuando empiezas o cuando el fondeador todavía no conoce tu cartera.
Sin recurso: el fondeador asume el riesgo de impago del deudor (con límites y condiciones). Suele ser más selectivo y, a veces, más caro.
Si alguien te vende “adelanto sin letra chiquita” y no te explica esto en una oración, detente ahí.
Cuándo sí tiene sentido
- Facturas a empresas (persona moral), a plazo, vigentes en el SAT.
- Clientes que sí pagan, aunque tarden.
- Necesitas liquidez operativa ahora, no un crédito a tres años.
- Puedes vivir con el costo del adelanto sin romper tu margen.
Cuándo no
- Ventas al público de contado: no hay cuenta por cobrar que adelantar.
- Facturas dudosas, cancelables o a clientes que ya te fallan.
- Cuando el costo del adelanto se come la utilidad de la operación.
- Cuando lo que necesitas es capital de largo plazo, no adelantar una o dos facturas.
Qué te van a pedir (versión corta)
Empresa activa, e.firma o acceso a tus CFDI, facturas vigentes, y un contrato. Las fintech suelen empezar digital; los bancos suelen pedir más expediente y volumen. En México casi todo gira alrededor del CFDI: si no está vigente en el SAT, no hay operación seria.
Si quieres el detalle de cuáles facturas sí califican, sigue con la guía de elegibilidad. Si quieres el checklist antes de firmar, está en el artículo de “antes de adelantar”.
En Vinc el primer paso no es prometerte un porcentaje. Es conectar tu FIEL, ver tus facturas emitidas vigentes y pedir revisión solo de las que sí pueden calificar.
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